miércoles, 13 de mayo de 2009

"El Matadero. Un comentario.", de Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi hasta el 30 de mayo

"EL MATADERO. UN COMENTARIO.", DE MARCELO DELGADO Y EMILIO GARCíA WEHBI HASTA EL 30 DE MAYO

 

El Matadero. Un Comentario.

Ópera de Cámara de Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi

Aquí la muerte es un hábito

colectivo

Al compás del violín

la Refalosa y Tin Tin

¡Viva la muerte!

Sábados de 16, 23 y 30 mayo a las 21

Sala Batato Barea (130 localidades)- Av. Corrientes 2038

Entrada: $ 20

Elenco: Federico Figueroa, Pablo Travaglino, Alejandra Ceriani, Martín Díaz , Adrián Barbieri, Juan Francisco Ramírez, Alejandro Spies, David Neto y Pol Gonzalez / Asistencia de Dirección Artística: Julieta Potenze/ Asistencia de Dirección Musical: Juan Michelli / Vestuario: Mariana Paz/ Coreografía y Movimiento: Maricel Alvarez/ Iluminación: Alejandro Le Roux/ Escenografía: Norberto Laino/ Libreto y Regié: Emilio García Wehbi/ Música y Dirección Musical: Marcelo Delgado

El Centro Cultural Rector Ricardo Rojas , con la dirección de la Lic. Cecilia Vázquez, presenta “El Matadero. Un comentario” de Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi, en el marco de los 25 años del Rojas.

Los aniversarios invitan a las revisiones. Siempre llevan a pensar en el pasado pero esa mirada hacia lo ya trascurrido remite inmediatamente a lo próximo (¿y ahora qué haré?). Y mucho más cuando lo que se recuerda es la historia de una institución ligada, desde su misma fundación, a lo nuevo. La raigambre del Rojas es la diseñada a lo largo de ese camino de un cuarto de siglo: encargo de obras, producción de aquello que no existía antes pero que no dejaría de existir después. Por eso el Rojas comisionó una ópera –es decir una obra dentro de un género atado a la tradición pero necesariamente proyectado hacia adelante- cuyo tema mira a la historia y cuya forma busca lo inédito.. En rigor, habría que pensar en una obra dramático-musical más que en una ópera, para poder ir hacia más atrás, hasta antes de que el lenguaje se esclerosara, hasta Monteverdi y su favola in musica en la que tenían cabida la mejor música , la mejor poesía y el mejor teatro de su época. Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi, uno de los principales compositores argentinos del momento y uno de los más destacados directores teatrales de este país, que ya colaboraron en obras extraordinarias como Sin voces y Ana O., presentadas en el Centro de Experimentación del Teatro Colón, tomaron como material uno de los textos fundantes de la literatura argentina , El matadero, de Esteban Echeverría. Un texto en el que se cifra, además, nuestra historia de civilizaciones bárbaras, barbaries civilizadas y sus choques. Presente que mira al pasado para proyectar el futuro.

Diego Fischerman y Gustavo Mozzi

Area de música del Centro Cultural Rector Ricardo Rojas (UBA)

El Matadero según Marcelo Delgado

La ópera es el género vocal por excelencia, el escenario de las voces espléndidas, el teatro de la voz; su soporte natural es la orquesta, que genera el magnífico telón sonoro sobre el que se inscriben las evoluciones del mejor de todos los instrumentos posibles. La apuesta de El Matadero es dejar a las voces expuestas a su soledad, sin esa red de contención que forman los instrumentos; dispuestas en solitario en el espacio acústico, deben, por sí solas, generar todo el clima la obra.

La nouvelle de Echeverría plantea de un modo categórico la coexistencia de los bárbaros y los civilizados, en una geografía que los envuelve y los involucra de manera definitiva, en donde la pulsión de la muerte es pareja en ambos bandos. Hay dos dispositivos en la obra, que coexisten yuxtapuestos y superpuestos: las voces de los dos protagonistas, por un lado, y las del coro, por el otro. Los protagonistas: una voz cultivada en las técnicas de la tradición del canto refinado de los salones (el unitario, nuestro Cajetilla), y otra que responde a los usos populares, con su grano desgarrado (el bárbaro, nuestro Mazorquero). El coro: un sexteto vocal masculino que, alternativamente, funciona como coro cantado –en línea con la tradición- o como orquesta vocal, una maquinaria capaz de producir las otras sonoridades de la voz, la bestia que se oculta en la garganta.

Las regiones que El Matadero delimita (hasta aquí la civilización, desde aquí la barbarie) se expresan de manera evidente en las voces protagónicas, pero no son regiones fijas para el coro; éste se desdobla para conectar una con otra, para establecer entre ambas una complicidad que va más allá de lo estrictamente musical.

Las fronteras han sido hechas para atravesarlas, y el contrabando es una de las excusas para hacerlo. En esta actividad múltiple, subrepticia por momentos y evidente en otros, se desarrolla este teatro de las voces.

El Matadero según Emilio García Wehbi

Utilizando el original de Echeverría como un pre-texto, a la manera de un encofrado de construcción, me propuse escribir un libreto que pudiera contener tanto las voces como las ideas de los personajes que, desde la fundación de la patria, han colaborado -en un proceso esquizofrénico- a la construcción / destrucción permanente del país. El concepto con el que decidí trabajar no fue ya el de civilización o barbarie, sino civilización y barbarie. Y es a partir de esa noción, y tomando prestadas citas, referencias y textos de diversas índoles (manuales de comportamiento vacuno, fragmentos de textos y poemas de la literatura argentina y universal, citas históricas, etc.) que se organiza el cocoliche de voces de aquellos que no han cejado en su afán de acallar las voces del otro. De ese modo, este Matadero funciona como un comentario.

Con respecto a la escena, la decisión de trabajar con una especie de “santísima trinidad”, compuesta por el Cajetilla, el Mazorquero y el Toro/Vaca –con la presencia de una especie de coro griego-, me condujeron a una especie de síntesis formal en la que se destacan una serie de objetos paradigmáticos de la representación del texto de Echeverría.

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